La versión doméstica de Pong de Atari trasladó al televisor el fenómeno que la compañía había iniciado en los salones recreativos. Era una máquina dedicada: el juego estaba implementado directamente en el hardware y los mandos de rueda controlaban las palas. Su éxito ayudó a desencadenar la enorme oleada mundial de consolas Pong de mediados de los setenta.